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Talavera

Talavera

Cada vez que viajamos disfrutamos de la cultura del lugar. Nos encanta conocer el paisaje, los sabores típicos, las costumbres, el arte y la música. Con Argentina, nos pasa algo mucho más personal. La prioridad siempre es reencontrarse y disfrutar de nuestra familia y amigos. Raramente hacemos turismo como haríamos en otros lugares. Pero siempre la vida nos sorprende. En esta oportunidad, uno de mis cuñados nos invitó a pasear en su lancha nueva.

Fue así como, en un hermoso día de verano, fuimos a navegar por el río Talavera. Disfruté cada instante de ese paisaje tan añorado. Quisiera ser poeta para poder describir esa paz. Cuando apagamos el motor, disfruté del silencio producido por el agua, los pájaros, la brisa y las voces felices de mi familia. Me encantan esos momentos de felicidad donde el tiempo no existe.

Tanto grandes como chicos disfrutamos ese reencuentro familiar, ese reencuentro con el paisaje, en fin, ese reencuentro con el terruño. Fue un día maravilloso que disfrutamos con todos los sentidos.

Durante la conversación, mencionamos que nos gustaba la tranquilidad de ese lugar y lo bello de esa soledad que conecta con la naturaleza. Parece que Dios nos escuchó. Porque, en ese momento, por detrás de los árboles, apareció un barquito muy pintoresco. Me enterneció esa imagen que me pareció como salida de un cuento de niños.

Era uno de esos barcos que llevan provisiones a los isleños. Mis hijos nunca habían visto uno. Así que les contamos como, gracias a ese barquito, la gente que vive en las islas obtiene su alimento, ropa, leña, gas y demás. Es una de las tantas formas de vida que no se ven en la televisión. Los chicos quedaron fascinados con lo que aprendieron ese día.

Mi “Talavera” es un intento de recordar ese momento mágico.

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