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Daniela

Todo comenzó un día en que estaba hablando de estilos artísticos con un matrimonio amigo. Al esposo le gusta la pintura realista y a la esposa le gusta la pintura abstracta.

Así surgió mi gran desafío pictórico. ¿Cómo crear un cuadro que sea de agrado para ambos?

Después de buscar inspiración por todos lados, hacer muchísimos bocetos y probar varias paletas, llegué a mi idea.

Ahora… ¿Cómo la llevo a cabo?

Lo primero fue pedir asesoría al Ingeniero Miori sobre el punto de fuga del cuadro. Tema que me dió batalla.

A eso le siguió la felicidad de jugar con mi niña interior dibujando en el suelo. Gatear alrededor del enorme lienzo para tomar todas las medidas exactas. Utilizar varios tipos de reglas para medir. Buscar piezas del tamaño indicado para dibujar los círculos. Esto parecía más un juego que una pintura. Me divertí muchísimo.

Una vez terminado el diseño de las esferas, había que ubicar el rostro. Intenté varias posiciones sin éxito. Cuando quedaba bien en una parte, desencajaba en otra parte. Hasta que me di cuenta de que estaba mirándolo siempre desde el mismo ángulo. Cuando me rendí a todas las dimensiones, surgieron todas las posibilidades.

A la hora de pintar, conté con la asesoría del artista Tom DeVita. Nuevamente, intenté varias gamas de colores. Tuve en cuenta los colores que transmitirían mi mensaje y la gama de colores en que considero que mis amigos se sentirían a gusto.

Ayer, domingo, después de varios meses de trabajo, consideré que el cuadro estaba listo para partir a su destino.

Como es un cuadro enorme (91,44 cm x 121,92cm), mi amado marido me ayudó a subirlo al automóvil. Sentí una mezcla de emociones… Por un lado, la tristeza de despedirme de mi creación y compañero de estos meses. Por otro lado, la ansiedad de saber si a sus nuevos dueños les gustaría tanto como a mí.

Al llegar a su casa, les pedí que se fueran a otra habitación. Con ayuda de mi marido, acomodamos el cuadro en el living, lo tapamos con un lienzo y llamamos a los nuevos dueños. Les pedimos que se sentaran del otro lado de la sala en el sillón frente al cuadro. Yo apenas podía contener mi ansiedad. Cuando le quité el lienzo al cuadro y vi sus caras atónitas, me sentí inmensamente feliz. Se acercaron al cuadro y no podían dejar de observarlo. ¡A los dos les encantó mi cuadro!  Me di cuenta de que había logrado mi cometido. ¡Conseguí unir lo realista y lo abstracto con total éxito!

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